Sin Redundar – Carlos Avendaño

Entierran la reforma electoral… pero la batalla apenas comienza. La reforma electoral presentada por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo ya fue enterrada en la cámara baja. Esta iniciativa no logró la mayoría calificada en la Cámara de Diputados, y con ello se cerró -al menos por el momento- la puerta a una modificación constitucional del sistema electoral en nuestro país. Pero en la política, cuando una puerta se cierra, normalmente se intenta entrar por la ventana. Y esta ventana podría llamarse leyes secundarias. Por esto, los grupos parlamentarios de la oposición ya encendieron las alertas y se están preparando para lo que llaman la segunda batalla legislativa frente al llamado “Plan B” electoral. Esta advertencia es por demás clara: estarán dispuestos al diálogo en algunos puntos, pero estarán vigilantes de que no se intente introducir por la vía secundaria lo que ya fue rechazado en la ya sucumbida reforma constitucional. El dato político más interesante es otro. Tras el fracaso de la iniciativa, los legisladores de representación proporcional -los famosos “pluris”- siguen intactos. Estos mismos que durante años han sido criticados, cuestionados y hasta satanizados en el discurso político. Pero que, paradójicamente, terminan siendo las piezas clave en las negociaciones dentro del Congreso. Porque en la práctica legislativa mexicana, muchas decisiones importantes no se toman solo en el pleno, se construyen en acuerdos políticos, aritmética parlamentaria y negociaciones de pasillo. Así que la reforma electoral podrá haber sido sepultada en esta primera etapa. Pero en el tablero político del Congreso de la Unión, la historia todavía no termina. Porque si algo ha demostrado la política mexicana es que las reformas no siempre mueren, a veces, solo cambian de forma para volver a intentarlo…

85 votos y el precio de cada uno. En el tablero político nacional hay una cifra mágica: 85 votos. Son los que necesita la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo en el Senado de la República para sacar adelante una reforma constitucional. No es un número menor. Es, literalmente, la llave del poder legislativo. Porque sin esos votos, no hay reforma. Y con ellos, todo puede cambiar. Ahora bien, en teoría, el bloque oficialista podría acercarse a esta cifra, pero hay un detalle clave: necesita sí o sí a sus aliados a los del Partido del Trabajo y al Partido Verde Ecologista de México. Los mismos que han acompañado a MORENA en múltiples votaciones. Los mismos que, en el discurso, ya habrían “empeñado su palabra”. Pero en política, la palabra vale, hasta que entra la negociación. Porque los votos no solo se cuentan, se negocian. Y aquí es donde el asunto se pone interesante. Sobre la mesa -aunque nadie lo diga abiertamente- podrían estar cosas mucho más grandes que una simple reforma. Candidaturas a gubernaturas, posiciones legislativas, reparto de poder rumbo al 2027. Porque en este nivel, nadie regala nada. Cada voto tiene precio político, cada respaldo tiene condición y cada alianza tiene fecha de caducidad. Así que la pregunta ya no es si alcanzan los 85 votos. La verdadera pregunta es: ¿Qué está dispuesta a ceder la presidencia para conseguirlos? Porque en la política mexicana, las reformas no solo se construyen con argumentos, se construyen con acuerdos. Y estos acuerdos, casi siempre, se firman lejos del micrófono, pero se pagan en las urnas y en el poder…

Elecciones 2027: el fantasma del nepotismo. Rumbo a las elecciones del 2027, en los estados de: Guerrero, Zacatecas y San Luis Potosí, existe un tema que empieza a incomodar, pero que pocos quieren decir en voz alta: “el nepotismo”. Porque más allá de partidos, colores o discursos, lo que empieza a dibujarse es algo muy conocido en la política mexicana: familias completas orbitando el poder. Esposas, hermanos, hijos, primos, que no llegan por casualidad, sino por herencia política. Y aquí es donde el discurso choca con la realidad. Porque mientras se habla de transformación, de cambio y de nuevas prácticas, en los hechos, se reciclan apellidos y se heredan posiciones. La política como un legado familiar, como si fuera patrimonio, como si el poder se pudiera transferir por consanguinidad. Y entonces surge la gran pregunta incómoda: ¿Será acaso esto democracia o una versión moderna del viejo cacicazgo? Porque una cosa es tener trayectoria y otra cosa muy distinta es tener el camino pavimentado por el parentesco. De cara al proceso electoral venidero del 2027, estos estados serán clave no solo por la competencia electoral, sino por lo que representan: la prueba de fuego contra el nepotismo en la política mexicana. Porque si la ciudadanía decide romper con esas dinámicas, el mensaje será claro. Pero si no, entonces quedará confirmado que, en México, muchas veces, el poder no se gana, se hereda…

No es cuestión de bandos… es cuestión de a quién sirve el sistema. Nos han hecho creer que todo se reduce a elegir un lado político: izquierda o derecha, gobierno u oposición, buenos contra malos. Pero esta es la trampa más antigua de la política. Porque mientras discutimos de qué lado estamos, pocos se detienen a preguntarse: ¿A quién está beneficiando realmente el sistema? Y ahí es en donde el discurso se incomoda. Porque si la prosperidad se concentra en unos cuantos, y la precariedad se reparte entre millones, entonces el problema no es de percepción, es de estructura, de reglas, de incentivos. De un modelo que permite que unos acumulen cada vez más, mientras otros apenas sobreviven. Y ojo: esto no es ideología, es simplemente lógica básica elemental. Porque cuando el crecimiento no se traduce en bienestar general, algo no está funcionando. Y no se trata de derribar todo, se trata de entender quién gana y quién pierde con lo que ya existe. Porque cuestionar el sistema no es radicalismo, es tan sólo sentido común. Lo verdaderamente peligroso no es criticarlo, es normalizar sin entenderlo. Así que antes de elegir bando, quizá valga la pena hacerse una pregunta más incómoda: ¿Este sistema está funcionando para la mayoría o solo para unos cuantos? Y como siempre usted tiene la respuesta estimado lector…

Sin Redundar y diciendo las cosas tal y como son. Suyos los comentarios estimados lectores…

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