Sin Redundar – Carlos Avendaño

A que mi “gober precioso” siempre tan oportuno. Resulta que, apenas un día después del revés político contra del ex alcalde de Ahome Gerardo Octavio Vargas Landeros, el todavía gobernador de Sinaloa Rubén Rocha Moya apareció muy quitado de la pena, conversando con el alcalde interino Antonio Menéndez de Llanos, el secretario del ayuntamiento y el tesorero municipal. El escenario: una calle del centro de Los Mochis, muy casual dicen, porque claro, en política las coincidencias no existen, pero abundan. Uno quisiera pensar -con ingenuidad casi infantil- que hablaban del clima, del tráfico o de lo bonito que luce el centro a esa hora. Pero luego recuerda cómo se mueven las piezas en este tablero y la imaginación se pone creativa. No por malicia, sino por experiencia. Dicen que pensar mal es un defecto. En Sinaloa, más bien parece un mecanismo de defensa. Y es que cuando los tiempos cuadran demasiado bien y los encuentros se dan con precisión quirúrgica, la duda no solo es natural, es inevitable. Sobre todo, en un país en donde el poder rara vez se ejerce de manera inocente y donde las decisiones “institucionales” suelen tener más de cálculo político que de legalidad pura. Aquí nadie acusa -faltaba más-, pero tampoco nadie se chupa el dedo. Porque si algo indigna no es solo lo que ocurre, sino la sospecha permanente de que detrás de cada movimiento hay intereses que poco tienen que ver con el bienestar público. Y en un estado en donde cada peso cuenta, la sola idea de que el dinero de la gente pueda terminar lubricando acuerdos en las alturas, resulta por decir lo menos, insultante. Pero todo debe ser coincidencia. Como siempre y al final, en la política sinaloense hay dos cosas que nunca faltan: las versiones oficiales y las versiones que la gente sí cree. Y entre una y otra, la credibilidad sigue siendo la principal víctima…

Fuego amigo: cuando el golpe viene desde adentro. El diputado local Ambrocio Chávez Chávez, conocido como el “Profe Bocho”, está en el ojo del huracán digital. No por la oposición tradicional, sino -según lo que se percibe en las benditas redes sociales- por voces que parecen venir desde su propio entorno político de MORENA. Porque sí, a esto le llaman “fuego amigo”. En las plataformas digitales circulan señalamientos directos: cuestionamientos sobre promesas incumplidas, especialmente en torno a proyectos de infraestructura como un hospital que, de acuerdo con comentarios de usuarios, habría sido anunciado con recursos ya etiquetados, pero que, a la fecha no muestra avances visibles. Otros mensajes, también provenientes de las benditas redes sociales, apuntan a percepciones ciudadanas sobre cercanía, gestión y resultados. Críticas duras, sin matices y, sobre todo, sin anonimato emocional: la gente escribe con molestia, no con diplomacia. Pero aquí conviene hacer una pausa. Una cosa es lo que se dice en redes -donde la indignación suele amplificarse- y otra muy distinta es lo que puede comprobarse con datos verificables. Sin embargo, cuando los señalamientos se repiten y toman tracción, dejan de ser ruido aislado y se convierten en un síntoma político. Y este síntoma es claro: desgaste político. Porque cuando las críticas no vienen de enfrente, sino de los propios círculos morenistas, el mensaje es más delicado. No habla solo de percepción pública, sino de fracturas internas. En política, el enemigo externo incomoda, pero el interno, debilita. Hoy, más allá de quién tenga razón en cada señalamiento, lo cierto es que el Profe Bocho enfrenta un reto mayor: responder con hechos, no con silencios. Porque en la era digital, lo que no se aclara, se agrava. Y cuando el “fuego amigo” prende, rara vez es casualidad…

Emprendimiento del bienestar o bienestar del emprendimiento. El sistema DIF de Sinaloa, encabezado por Eneyda Rocha Ruiz, vuelve a estar bajo la lupa. Según investigación publicada por Ríodoce, se habría adjudicado un contrato por más de 356 millones de pesos a una empresa con apenas ocho meses de existencia, dos empleados registrados y sin experiencia comprobable. Un caso que, por lo menos, levanta más preguntas que certezas. Según lo documentado, la compañía presentó imágenes que no corresponden a las instalaciones reales y se dio de alta ante el IMSS el mismo día de la licitación. Detalles que, en cualquier manual básico de compras públicas, deberían encender las alarmas. El contrato contempla la distribución de miles de despensas. Es decir, recursos públicos destinados -en teoría- a atender a quienes más lo necesitan. Y es justo ahí donde el asunto deja de ser técnico para volverse político. Porque cuando programas sociales de alto impacto quedan envueltos en señalamientos de simulación o posibles irregularidades, no solo se cuestiona un proceso administrativo, se erosiona la confianza en instituciones que deberían ser sensibles y transparentes. No es la primera vez que surgen dudas sobre los mecanismos internos del DIF estatal, y esto vuelve todavía más delicado este episodio. Porque la reiteración ya no parece excepción, sino patrón. Aquí nadie sentencia -para eso están las autoridades competentes-, pero los datos documentados obligan, al menos, a exigir explicaciones claras, auditorías rigurosas y, sobre todo, una real transparencia. Porque si el bienestar se terceriza, lo mínimo exigible es que no termine subcontratando también la rendición de cuentas…

La obra insignia de Gámez Mendívil. En política, todo aspirante necesita una obra que lo defina, que lo proyecte, que lo venda rumbo al siguiente escalón. En el caso del alcalde de Culiacán, el arquitecto Juan de Dios Gámez Mendívil, la pregunta flota en el aire: ¿Cuál será su carta fuerte rumbo a su aspiración política? En medio de esta búsqueda, surge una imagen incómoda -casi irónica- será acaso la construcción de nuevos panteones municipales ante la saturación de los existentes. Parece chiste, pero no lo es. Porque cuando una ciudad necesita más espacio para sus muertos que soluciones para sus vivos, algo no está funcionando. No se trata de una obra emblemática, sino de un síntoma. Una realidad incómoda que pesa y que no puede maquillarse con discursos. El tiempo político corre y las expectativas se esfuman. Porque no basta administrar la inercia: hay que construir resultados que trascienden. Obras que hablen de desarrollo, no de resignación, porque en política, las obras dicen más que los discursos. ¿Qué quiere que diga su legado arquitecto Juan de Dios Gámez Mendívil?…

Sin Redundar y diciendo las cosas tal y como son. Suyos los comentarios estimados lectores…

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