Sin Redundar – Carlos Avendaño

La UIF ya tocó la puerta: el cerco financiero llega a Rocha Moya. Algo cambió en la narrativa oficial. Durante días el discurso giró alrededor de una exigencia: pruebas, pruebas y más pruebas. Pero ahora, la propia presidenta Claudia Sheinbaum Pardo confirmó que la Unidad de Inteligencia Financiera congeló de manera preventiva las cuentas bancarias del ex gobernador Rubén Rocha Moya y de otros señalados. La aclaración presidencial fue inmediata: no se trata -según explicó- de una investigación directa de la UIF contra Rocha Moya, sino de mecanismos preventivos activados por la relación entre el sistema bancario mexicano y órdenes o procesos provenientes desde los Estados Unidos. Y ahí aparece la contradicción política que inevitablemente alimentará el debate. Porque si no existe una investigación mexicana abierta, pero sí medidas financieras preventivas derivadas de acusaciones estadounidenses, entonces la presión internacional ya está produciendo efectos internos. Esto importa y mucho. Porque congelar cuentas no equivale a sentencia. Tampoco constituye prueba automática de culpabilidad. Pero sí representa una señal institucional: el riesgo financiero asociado a los señalamientos comenzó a ser tratado seriamente. La propia UIF sostiene que estas medidas preventivas no implican responsabilidad penal ni son definitivas. Y en política, las señales suelen anticipar movimientos mayores. La pregunta incómoda es otra: Si durante semanas la defensa política se centró en cuestionar la falta de pruebas provenientes desde los Estados Unidos, ¿Qué significa que ahora entren en operación mecanismos preventivos basados precisamente en esos señalamientos? Porque una cosa es resistir el golpe mediático y otra muy distinta es enfrentar restricciones financieras, investigaciones cruzadas y cooperación internacional. El problema para MORENA quizá ya no sea exclusivamente jurídico, sino que empieza a ser reputacional. La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo también insistió en que su gobierno no protegerá a delincuentes, pero reiteró que las acusaciones deben sustentarse con pruebas. Esta posición busca mantener un equilibrio complejo: defender la soberanía y el debido proceso, sin aparecer blindando a figuras cuestionadas. Y ahí está el verdadero desafío para Sheinbaum Pardo. Porque cada nuevo movimiento alrededor de Rocha Moya deja de ser únicamente un asunto de Sinaloa y empieza a convertirse en una prueba política nacional: ¿Hasta dónde llega la ruptura con figuras señaladas y dónde comienza la protección del proyecto? Mientras tanto, el cerco parece moverse de las declaraciones hacia las instituciones financieras. Y cuando el dinero entra al expediente, el reloj político suele acelerarse…

Gerardo Mérida, los supuestos videos y el riesgo político para MORENA: entre filtraciones y hechos comprobados. Las versiones más explosivas en política casi siempre llegan envueltas en una mezcla peligrosa: filtraciones, columnas, fuentes anónimas y especulación. Ahora circulan señalamientos de que Gerardo Mérida Sánchez habría entregado a las autoridades estadounidenses material como: videos, memorias USB y documentos con información presuntamente sensible para MORENA y el ex presidente Andrés Manuel López Obrador. Según estas publicaciones, el contenido incluiría supuestas evidencias relacionadas con financiamiento político y decisiones de seguridad nacional. Pero aquí conviene hacer una pausa analítica: Hasta ahora, estas versiones derivan principalmente de columnas periodísticas y de reportes sobre presuntas fuentes, no de documentos judiciales públicos verificados ni de pruebas exhibidas oficialmente por las autoridades estadounidenses. Esta diferencia importa y mucho. Lo que sí está confirmado es otra cosa: Mérida se entregó a las autoridades estadounidenses y enfrenta acusaciones federales relacionadas con presuntos vínculos con el narcotráfico. También existen reportes de que podría estar colaborando o proporcionando información dentro del proceso judicial estadounidense. Y ahí aparece el verdadero problema político. No necesariamente el contenido específico de supuestos USB o vídeos. El problema es la posibilidad de cooperación. Porque la justicia estadounidense suele construir casos mayores mediante testimonios de colaboradores. La lógica es conocida: escalar niveles. Ir del operador al funcionario, del funcionario a estructuras más amplias. La pregunta incómoda para MORENA no es si existen rumores. La pregunta es cuánto valor otorgarán fiscales estadounidenses a eventuales declaraciones o información aportada por antiguos funcionarios cercanos al poder. Y para el oficialismo existe otro riesgo: reputacional. Porque, aunque una acusación termine sin probarse, el desgaste político empieza mucho antes de una sentencia. Mientras tanto, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo ha insistido en que no teme posibles declaraciones derivadas de estas entregas y sostiene que cualquier responsabilidad debe acreditarse con pruebas. Al final de cuentas, el punto central quizá no sean las cajas, los videos o las memorias USB que algunos reportes mencionan. El punto es otro: Cuando antiguos aliados entran a procesos judiciales en los Estados Unidos de Norteamérica, el poder deja de preguntarse únicamente qué saben, y empieza a preguntarse, qué estarían dispuestos a contar. Y esta incertidumbre suele ser más corrosiva que cualquier acusación inicial…

Ovidio, la extradición y la soberanía selectiva. En 2019, el gobierno del entonces presidente Andrés Manuel López Obrador fue destituido por Ovidio Guzmán López tras una solicitud de detención provisional con fines de extradición presentada por los Estados Unidos de Norteamérica. No había sentencia, no había juicio en México, tampoco se exigían pruebas públicas para justificar la actuación inmediata. Lo que existía era un tratado bilateral de extradición y una petición formal de las autoridades estadounidenses. Ahí están además las declaraciones de Alfonso Durazo Montaño y del general Luis Crescencio Sandoval González explicando públicamente el mecanismo legal bajo el cual operan estos procedimientos. Entonces surge una pregunta políticamente incómoda: ¿Qué cambió? Porque el tratado de extradición sigue siendo el mismo. Los instrumentos de cooperación bilateral siguen existiendo. La relación judicial entre ambos países no nació ayer. Sin embargo, el discurso parece modificarse dependiendo del destinatario de los señalamientos. Cuando los acusados eran integrantes del crimen organizado, la colaboración internacional era presentada como obligación institucional. Pero cuando aparecen nombres vinculados al poder político, la conversación comienza a girar hacia soberanía, pruebas adicionales o cautela diplomática. Y ahí aparece la contradicción que alimenta el debate público. Porque la soberanía nacional no debería activarse selectivamente según quién esté bajo escrutinio. O aplica como principio permanente o se corre el riesgo de convertirse en un argumento circunstancial. Esto no significa equiparar automáticamente acusaciones con culpabilidad, porque son cosas distintas. Una investigación, una solicitud internacional o un señalamiento no sustituyen procesos judiciales ni pruebas concluyentes. Pero tampoco puede ignorarse una pregunta elemental: si antes bastaba una solicitud formal dentro de mecanismos de cooperación internacional, ¿Por qué hoy el estándar político parece distinto? La política mexicana suele tener memoria corta cuando cambia el contexto. Y quizás esta sea la reflexión más incómoda: los tratados permanecen, las reglas jurídicas sobreviven, lo que cambia con frecuencia son los intereses alrededor de quienes aparecen señalados. Porque en el poder hay principios que parecen inquebrantables hasta que tocan a los propios…

Según fuentes fidedignas del gobierno de México, presuntamente confirman que el departamento de Estado de los Estados Unidos de Norteamérica, ya formalizó su petición para que sea capturado el Senador Adán Augusto López Hernández por sus presuntos vínculos con la delincuencia organizada. De llegar a concretarse esta acción, este sería el segundo golpe directo al círculo más cercano al ex presidente Andrés Manuel López Obrador. El primero fue con el ahora ex gobernador de Sinaloa Rubén Rocha Moya a quien AMLO le apodaba su hermano -existen videos al respecto-. Al tiempo y contando…

Sin Redundar y diciendo las cosas tal y como son. Suyos los comentarios estimados lectores…

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