Sin Redundar – Carlos Avendaño

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“Incremento al salario mínimo 2026”. Gobierno de México / CONASAMI. El gobierno federal incrementó 13% al salario mínimo general (de $278.80 a $315.04). También incremento del 5% en la Zona Libre de la Frontera Norte (de $419.88 a $440.87). evidentemente que el gobierno quiere transmitir es: progreso, justicia social y éxito económico. Pero este es el mensaje oficial. Ahora veamos el contraste con la realidad. Dilucidemos el asunto en cuestión. 1. El aumento nominal vs. la realidad del poder adquisitivo. “13% de aumento” parece una mejora sólida. El salario mensual de $9,582 pesos para 2026 suena elevado frente al pasado. Pero la realidad económica dice que ese 13% pierde brillo cuando lo contrastas con la inflación de alimentos y servicios, que no baja con el mismo ritmo. En 2024–2025: Inflación general ~4%-5%. Inflación en alimentos 8%-12%, dependiendo de la región. Inflación en vivienda (rentas) en grandes ciudades: 9%-14%. Electricidad, agua, transporte, gas: todos por encima del promedio. Conclusión quirúrgica: El aumento del 13% se evapora rápidamente si la inflación real en la canasta básica supera ese porcentaje, como ha ocurrido en los últimos dos años. 2. El aumento no es un logro económico, sino una respuesta a una emergencia. Lo que sugiere el gobierno de la 4T: “Somos el gobierno que aumenta salarios”. Realidad económica: El salario mínimo ha aumentado porque: La pobreza laboral sigue alta. La inflación pegó como nunca desde 2001. Los salarios reales estaban demasiado rezagados. El gobierno utiliza el salario mínimo como herramienta política, pero la productividad no acompaña esos incrementos. Aumentar el salario mínimo sin aumentar productividad genera: Aumento de costos para pequeños negocios. Dificultad para contratar. Más informalidad. Precios más altos (efecto de segunda vuelta). 3. El gran ausente en la imagen: el costo de vida. Mensaje de la imagen: “Vas a ganar $9,582 al mes”. Realidad: Ese ingreso no alcanza para cubrir: Renta promedio:  Ciudad media: $6,000–$9,000. Ciudad grande: $12,000–$18,000. Gasolina, transporte público, gas, energía eléctrica, internet.  Alimentación (familia de 4): $9,000–$12,000 mensuales. Cirugía fría: El salario mínimo 2026 **no cubre la canasta básica alimentaria y no alimentaria. El trabajador sigue viviendo al día. 4. Zona libre de la frontera norte: el 5% es un aumento irrisorio. Este aumento del 5% busca vender como “responsable” al gobierno. Pero la realidad es que: En la frontera norte: La inflación local es más alta. Todo es más caro: renta, gasolina, transporte, comida. Con $440.87 al día, el trabajador apenas puede cubrir gastos básicos. El incremento del 5% es insuficiente y casi simbólico. 5. Lo que el gobierno omite deliberadamente. No menciona la inflación acumulada desde 2018. Pérdida del poder de compra. Aumento en costo de la vivienda. Caída en producción agrícola (que sube precios). Estancamiento del empleo formal. Pérdida de inversión privada. Que México crece por debajo del promedio de Latinoamérica. Es comunicación política, no información económica. 6.- El objetivo real y las intenciones de este gobierno es: 1. Crear la percepción de bienestar, aunque la gente no lo sienta. 2. Generar narrativa de “avance histórico” hacia 2026. 3. Presumir incrementos sin explicar por qué la vida sigue siendo cara. Es propaganda, no política pública. 7. Diagnóstico final. El gobierno federal presume una cirugía estética económica: aumentan el salario en el papel, pero no el poder adquisitivo en el bolsillo. El contraste más duro: Sí, el salario sube. Pero la inflación, las rentas, la comida y los servicios suben más. Resultado: El trabajador mexicano llega a 2026 con más pesos, pero con menos capacidad para vivir dignamente. Es como darte un vaso más grande, pero con menos agua adentro…

Aguinaldo, bonos y PTU sin ISR: justicia fiscal urgente, no discurso barato. Lupita y Pepe no salen en las mañaneras, no tienen fuero ni asesores, pero son expertos en una disciplina olímpica: hacer rendir un salario que el Estado exprime hasta la última gota. Cada mes pagan impuestos puntualmente, se endeudan con dignidad y aun así intentan rascarle algo a diciembre para una cena modesta y un regalo que no venga en meses sin intereses. Mientras tanto, el SAT -ese socio silencioso que nunca falla- aparece puntual para llevarse una parte del aguinaldo, de los bonos y de las utilidades. Horas extras, dobles turnos, ausencias familiares, todo eso sí se grava. El sacrificio también causa ISR. ¿Es mucho pedir que el salario extra no sea tratado como si fuera un lujo? Porque el aguinaldo no es premio, es salario diferido. Las utilidades no son regalo, son fruto del trabajo. Y los bonos no caen del cielo, se pagan con cuerpo y tiempo. Eliminar el ISR en estos ingresos no solo beneficiaría a Lupita y Pepe. También ganaría Doña Panchita en la tiendita, Don Toño el tortillero y Tino el albañil. Más dinero en el bolsillo significa más consumo, más trabajo y menos limosnas disfrazadas de “programas sociales”. Pero claro, eso no conviene. Conviene más quitarle tres o cuatro veces el mismo peso al trabajador: por trabajar, por ahorrar, por comprar con lo que ya pagó impuestos, y hasta por intentar hacerse de un patrimonio. Eso no es sistema fiscal: es esclavitud del siglo XXI. Todo esto sin garantizar salud digna, sin educación funcional, sin transporte público decente, sin vialidades seguras o sin sueldos acordes a la Constitución que tanto citan cuando conviene. Ni siquiera respetando a quienes generan empleo. Y lo más ruin: a los pensionados también les muerden el mes extra, después de toda una vida pagando impuestos. ¿Con qué cara? ¿Con qué justificación moral? ¿Para qué? ¿Para quién? ¿Para quiénes? Es vergonzoso que después de décadas sigamos gravando lo poco que al trabajador le sirve para tapar deudas, arreglar su casa o vivir con un mínimo de tranquilidad. Ese dinero no es privilegio: es dignidad. El Congreso tiene una tarea clara: aprobar una reforma justa y dejar de tratar al trabajador como cajero automático del gobierno. Porque el aguinaldo, las utilidades y los bonos, no son del Estado, estos son del trabajador. Debe de estar íntegros y sin descuentos. Y como que ya va siendo la hora de que se entienda…

Sin Redundar y diciendo las cosas tal y como son. Suyos los comentarios estimados lectores…

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