Sin Redundar – Carlos Avendaño

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2025: el año en que México resistió… y el gobierno explicó. El 2025 se fue sin pedir permiso y sin dejar rehenes. Se fue como se vivió: a golpes, con discursos y sin responsables. Donald Trump volvió a la Casa Blanca con aranceles bajo el brazo y amenazas en la boca. México respondió como siempre: con comunicados, buena voluntad y un “Plan México” que no nació como proyecto de desarrollo, sino como chaleco antibalas diplomático. Porque aquí la soberanía se presume en el micrófono, pero se negocia en la aduana. Mientras tanto, en Teuchitlán, Jalisco, el Rancho Izaguirre nos recordó una verdad incómoda: el Estado llegó tarde, si es que llegó. Campos de exterminio operando durante años, cenizas sin nombre, muertos sin número y cómplices sin castigo. Nadie vio nada, nadie supo nada, nadie sabía, pero todos gobernaban. En Tamaulipas, el huachicol fiscal confirmó que el crimen organizado también usa traje y corbata, factura con RFC y navega en barcos. Hubo detenciones, sí, pero como siempre: hacia abajo, nunca hacia arriba. Los apellidos pesados flotan mejor que el combustible robado. Se aprobó la ley contra el nepotismo con manual de excepciones incluido. Porque en México el problema no es heredar el poder, sino hacerlo sin creatividad jurídica. La joya del año fue la elección judicial por voto popular. Un Poder Judicial nacido entre acordeones, líneas marcadas y aplausos partidistas. La independencia judicial quedó como leyenda urbana; el costo real se pagará en sentencias futuras. También, apareció el pasado criminal del ex secretario de Seguridad de Tabasco; “El Mayo” Zambada negocia en los Estados Unidos mientras aquí se reza para que no hable; aparte una pipa explotó en Iztapalapa por negligencia; las lluvias mataron gente por falta de alertas; y el gobierno respondiendo con el clásico: “se va a investigar”. Las imágenes del año fueron brutales: productores extorsionados hasta morir, alcaldes asesinados después de pedir ayuda, jóvenes sicarios fabricados por un sistema roto, y una marcha que no fue complot, sino hartazgo nacional. Y todavía hubo tiempo para más: una FGR “renovada” sin sorpresa, leyes Fast-Track sin debate, campesinos tomando las carreteras y las casetas, un coche bomba en Michoacán que -oficialmente- no fue atentado. Y, aun así, la popularidad se mantuvo. Porque en México ya no se gobierna con resultados, sino con narrativa. No se resuelven problemas, se administran tragedias. México resiste, sí. Pero la factura no desaparece, solo se acumula. Y algún día llegará a la mesa de quienes hoy se visten de servidores públicos, pero gobiernan como si el país fuera desechable. Desear un México mejor ya no es idealismo, es una urgencia nacional…

Ah, la justa medianía… pero versión Loro Piana. José Ramón López Beltrán, hijo del expresidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO), fue grabado en video mientras salía de una tienda Loro Piana en Houston, Texas, portando una bolsa de Hermès, una de las firmas más exclusivas del mundo del lujo. El material fue compartido en la red social X por el usuario Vampipe, quien dio a conocer las imágenes que muestran a López Beltrán durante una jornada de compras en una de las zonas comerciales más exclusivas de Estados Unidos. El video reavivó el debate en redes sociales sobre el estilo de vida de la familia de AMLO. Mientras el discurso predicaba frijol con gorgojo, austeridad republicana y cartera flaca de 200 pesos, la realidad salió vestida de cashmere italiano y con bolsa Hermès bajo el brazo. No es delito, dicen. Y claro que no lo es. Lo que sí es delito moral es la hipocresía. Porque aquí no indigna el lujo -cada quien gasta su dinero como quiere-, indigna la doble moral. Indigna que al pueblo se le pida apretarse el cinturón mientras la familia presidencial se afloja el nudo en Houston. Indigna que se condene el “aspiracionismo” desde Palacio, pero se practique el shopping de alta gama en Estados Unidos. Indigna que se satanice al empresario, al profesionista, al que progresa, mientras el apellido correcto compra sin pudor. La 4T nos vendió la épica del hombre sencillo, pero resultó que la sencillez solo aplicaba para el discurso. El lujo no era malo, era malo que lo tuvieran otros. El problema nunca fue la desigualdad, fue quién la disfrutaba. ¿Dónde quedó la justa medianía? ¿En el aparador de Loro Piana? ¿En la bolsa Hermès? ¿O guardada junto a los 200 pesos imaginarios? Y no, no es ilegal. Pero sí es una cachetada a quienes creyeron que la austeridad era convicción y no utilería política. Porque cuando el poder se predica pobre y vive rico, no gobierna: se burla. Suyos los comentarios, estimado lector… pero que no nos digan que no entendimos el mensaje: austeridad para el pueblo, lujo para la familia.

Trenes que se descarrilan, entre discursos que no frenan. Dos años. Solo dos años le bastaron al Tren Interoceánico de MORENA para pasar de “obra histórica” a escena de tragedia. Fue el pasado 28 de diciembre de 2025, en Nizanda, Oaxaca, la promesa de desarrollo se salió de la vía, literalmente. El saldo: trece muertos, noventa y ocho heridos, vagones volcados en una barranca, cuerpos rescatados a mano, emergencias rebasadas. Pero eso sí: la inauguración salió perfecta. Aquí la pregunta no es si fue un accidente. La pregunta es cuántas alertas se ignoraron antes. Porque cuando un tren con apenas dos años de vida se descarrila en una curva conocida, el problema no es el destino: es el origen. La Línea Z, joya del Corredor Interoceánico, terminó exhibiendo lo que muchos advertían y pocos querían escuchar: obras hechas con prisa política, supervisión laxa, mantenimiento opaco y una obsesión por cortar listones antes que revisar los pernos. La Marina desplegó 300 elementos después del desastre. Pero ¿Dónde estaban los estándares antes? O ¿Dónde estaba la revisión técnica profunda? O ¿Dónde estaba la responsabilidad? Legisladores piden investigaciones, auditorías, comisiones especiales. Bien. Pero no nos engañemos: esto no huele a fatalidad, huele a negligencia institucional. Porque días antes, otro tren ya había chocado contra una pipa. No hubo muertos, dicen. Fue “un aviso”. Un aviso que el sistema decidió archivar. Y aquí el dato que duele, no el que acomoda: El Tren Chepe, construido en los tiempos del PRI que tanto desprecian, tiene ya 67 años de operación, cero descarrilamientos y cero muertes. El Tren Interoceánico de MORENA: tiene tan solo 2 años, un descarrilamiento, 13 muertos. Otro dato adicional. Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI) reveló un audio en el año de 2024 que vincula a Gonzalo López Beltrán -hijo del expresidente: Andrés Manuel López Obrador- con el negocio de minas de Oaxaca para obtener el balastro utilizado en el Tren Interoceánico. El proyecto estaba bajo supervisión de Gonzalo, cargo que se tomó supuestamente de forma honoraria. Haga usted la gran comparación con estos datos reales y no con los “otros datos”. Porque cuando la infraestructura se construye para la propaganda y no para la seguridad, el costo no se mide en kilómetros, se mide en ataúdes. Hoy Nizanda no es tan solo un punto en el mapa, sino el mismo recordatorio brutal de que la improvisación también mata, y de que ningún discurso, por épico que sea, devuelve la vida ni endereza las vías. Y he aquí una prueba irrefutable de que los caprichos de MORENA no solo cuestan dinero, sino también vidas…

Libertad de prensa, versión 2025: informe bajo custodia. México cerró este año viejo del 2025 con un mensaje claro, directo y sin eufemismos para el gremio periodístico: informa bajo tu propio riesgo. Porque en Puebla y Veracruz ya no hace falta censura previa, basta con una carpeta de investigación bien armada y un juez con buena disposición política. Los colegas periodistas: Rodolfo Ruiz y Rafael León, no fueron detenidos por mentir, ni por robar, ni por matar. Su delito real fue incomodar al poder. Y en este país, incomodar al poder sigue siendo más peligroso que delinquir. El nuevo manual de control es elegante: no se cierran medios, no se apagan micrófonos, se judicializa al periodista. Se les acusa de “delitos graves” -porque nada asusta más que palabras rimbombantes-, se les mandan patrullas, se les exhibe, y después el gobierno se lava las manos diciendo que “la justicia es autónoma”. Autónoma, sí, pero obediente. Las coincidencias entre Puebla y Veracruz no son casualidad: acusaciones infladas, uso de fuerzas de seguridad, discursos oficiales de falsa sorpresa y una narrativa peligrosa: “no es censura, es la ley”. La ley, claro, cuando sirve para callar a libertad de expresión. Artículo 19 levanta la voz -como siempre- y pide que no se criminalice la labor periodística. Pero el mensaje del poder ya fue enviado y entendido: si preguntas de más, te toca proceso; si investigas de más, te toca celda; si se publica de más, te toca ser ejemplo para los demás. Y así, sin necesidad de balas, México sigue siendo uno de los países más hostiles para ejercer el periodismo. Porque ahora no solo se mata al periodista: también se le procesa tras las rejas. La libertad de prensa no murió este 2025, pero cerró el año esposado, vigilado y con orden de presentación. Y luego se preguntan por qué hay silencio…

Sin Redundar y diciendo las cosas tal y como son. Suyos los comentarios estimados lectores…

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