Sinaloa cerró el año 2025 con cifras que no admiten interpretación creativa ni discursos motivacionales: 27,721 delitos que son un 23% más que en el año 2024. Pero no pasa nada, según el guión oficial dice que: todo está “bajo control”, solo que el control ya no se ve por ningún lado. La violencia letal se disparó hasta niveles históricos: 1,653 homicidios dolosos, un 66% más que el año anterior. No es un repunte, no es una racha, no es coyuntura: es un colapso total. Picos de violencia que marcaron el año y que hoy se pretenden normalizar como “momentos complejos”. Compleja es la vida de quienes ya no regresaron a su casa. Los feminicidios crecieron de manera alarmante, de 31 a 72 casos. Más del doble. Y, aun así, el discurso institucional insiste en hablar de “avances”. ¿Avances, pero hacia dónde por Dios? Porque para las mujeres, el mensaje es claro: el Estado no está llegando a tiempo, ni con prevención ni con justicia. El robo de vehículos aumentó más del 70%, golpeando directamente el patrimonio de miles de familias sinaloenses. Ya no es tan solo el miedo de salir de la casa, ahora es el miedo a perder lo poco o mucho que se tiene -léase muy clarito el patrimonio familiar-. Pero en los informes oficiales, estas cifras suelen perderse entre gráficas coloridas y frases por demás que optimistas. También crecieron la privación ilegal de la libertad y el narcomenudeo, dos delitos que no crecen solos, sino que florecen cuando el control territorial se disuelve. Mientras tanto, la violencia familiar, aunque con una ligera baja, sigue siendo el delito más frecuente en los hogares. Es decir, la inseguridad no solo está en la calle: está postrada en la casa. Este panorama no refleja una “percepción exagerada”, refleja una crisis de seguridad por demás que profunda que impacta la vida diaria de todos los sinaloenses. Impacta en las decisiones, en los horarios, en los negocios, en la movilidad y hasta en el silencio colectivo. Porque cuando la violencia se vuelve cotidiana, el miedo se administra y la indignación se desgasta. Pero el verdadero problema no son solo las cifras, el problema es que nadie en el gobierno parece hacerse cargo del desastre. Se culpan de herencias, de contextos nacionales, de factores externos, de conspiraciones imaginarias, se culpa a todo menos a la estrategia fallida de seguridad. Sinaloa no necesita más discursos tranquilizadores, necesita resultados constantes y sonantes. Porque cuando los delitos suben, los homicidios se disparan y los feminicidios se duplican. Evidentemente que no estamos ante un reto, estamos ante una derrota del Estado. Y negarlo, no reduce la violencia, solo la hace más impune…
En Sinaloa el campo no está en crisis: está en terapia intensiva, pero el gobierno insiste en decir que “todo va bien” desde la comodidad del aire acondicionado y las gráficas maquilladas. Los productores ya no están pidiendo milagros, están pidiendo agua y políticas públicas, dos cosas que hoy escasean más que el maíz. De producir seis millones de toneladas, Sinaloa podría caer por debajo de los tres millones. No es una variación estadística: es un desplome histórico. Y no por flojera del agricultor, sino por sequía, abandono y una burocracia federal que cree que el campo se cultiva con discursos. La sequía es real, pero la ausencia del gobierno también. No hay programas emergentes, no hay apoyos extraordinarios, no hay estrategia. Hay silencio. Y cuando el Estado guarda silencio frente a una crisis productiva, lo que hace en realidad es condenar al productor a sobrevivir solo. Mientras tanto, desde Palacio Nacional se habla de soberanía alimentaria, pero con el maíz importado. La producción nacional de granos cae, las importaciones suben y el discurso oficial se sostiene con alfileres. ¿Soberanía? No. Dependencia disfrazada de narrativa patriótica. Lo grave es que esta crisis no se queda en la parcela. Arrastra a los ganaderos que ya no tienen forrajes, a los pescadores atrapados en una economía regional deprimida y a toda una cadena productiva que depende del sector primario. En Sinaloa, cuando el campo se enferma, la economía completa entra en agonía. Pero parece que esto no prende los focos rojos en el gobierno. Tal vez porque el campo no vota en Twitter, no sale en conferencias mañaneras y no cabe en una lámina de PowerPoint. El productor estorba cuando exige, pero sirve cuando hay que presumir cifras del pasado. Hoy el campo sinaloense no necesita palmaditas ni slogans reciclados. Necesita agua, apoyos, planeación y presencia institucional. Lo demás es retórica barata sembrada sobre tierra seca. Si el sector primario es el motor de Sinaloa, hoy este motor está fallando y el gobierno, en lugar de meterle refacciones, se limita a subirle el volumen al discurso para que no se escuche el ruido del colapso. Porque cuando el campo cae, no hay transformación que alcance. Solo queda el abandono y la factura, como siempre, la termina pagando el productor…
La famosa cuesta de enero ya no es un bache estacional, para México se convirtió en una carretera permanente, y todo parece indicar que durará todo este año 2026. Mientras la Secretaría de Hacienda vende optimismo en el Paquete Económico, la realidad fiscal camina en sentido contrario y sin frenos. El análisis de “México Evalúa”, pone el dedo en la herida que el discurso oficial intenta maquillar: los ingresos no alcanzan y el margen de maniobra es cada vez más estrecho. El Estado mexicano vive al día, como familia endeudada que paga la tarjeta con otra tarjeta y presume estabilidad financiera. Las cifras son demoledoras. El erario necesita 20 mil millones de pesos diarios solo para cumplir compromisos básicos. Pero apenas genera 18 mil millones con impuestos, derechos y petróleo. Traducción sencilla: cada día faltan 2 mil millones, que se cubren con deuda pública. No para invertir, no para crecer, no para transformar sino para sobrevivir. Es decir, México amanece todos los días con déficit bajo el brazo. Se endeuda antes del desayuno y cierra la jornada debiendo más que ayer. Pero desde el púlpito hacendario nos dicen que todo va bien, que las finanzas son sanas y que no hay de qué preocuparse. Claro: sanas, a crédito. El problema no es solo la deuda, sino la normalización del desequilibrio. Se gobierna como si pedir prestado fuera una fuente permanente de ingresos y no una señal de alerta. Como si el mañana no existiera o peor aún, como si no importara quién lo pague. Así, la cuesta de enero deja de ser un fenómeno estacional para convertirse en modelo de gestión. Un modelo donde el optimismo es retórico, el ajuste se pospone y la factura se hereda. Porque alguien tendrá que pagar esa diferencia diaria de 2 mil millones y no será el discurso oficial. Mientras tanto, el ciudadano enfrenta inflación, servicios públicos deficientes y menor crecimiento, pero escucha que “las finanzas están fuertes”. Tan fuertes como una casa que gasta más de lo que gana y presume estabilidad porque aún le prestan. La realidad es incómoda, pero clara: México no está en austeridad, está en resistencia fiscal. Y cuando un país se acostumbra a vivir endeudándose para lo básico, el problema ya no es económico, es estructural. Porque una cuesta que dura todo el año ya no es cuesta, sino una pendiente permanente…
PEMEX no es de los mexicanos. Tampoco de quienes nos gobiernan. Pero todo parece indicar que AMLO y compañía se adueñaron del petróleo. Porque si seguimos el hilo conductor, todo nos lleva al afamado huachicol fiscal. Corrupción, impunidad, nepotismo, despotismo, etc., parece el sello de la 4T. Y para muestras pequeños botonees: nuestro petróleo mexicano que se le regala a Cuba. Innegablemente que todo esto tiene que acabarse ya. Definitivamente…
El INE nos cuesta a todos los mexicanos alrededor de 25 mil millones de pesos al año. Pero mientras tanto, el gobierno mexicano le regala a Cuba más de 60 mil millones de pesos en puro petróleo. Innegablemente que la democracia mexicana es tan solo un gasto inútil. Pero eso sí, sostener dictaduras pareciera que es la prioridad del régimen mexicano actual…
Sin Redundar y diciendo las cosas tal y como son. Suyos los comentarios estimados lectores…
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