Marx Arriaga queda fuera de la SEP. Marx Arriaga dejó la Dirección General de Materiales Educativos de la Secretaría de Educación Pública (SEP) en medio de un episodio que exhibe las tensiones internas en la nueva administración. De acuerdo con los trascendidos, este personaje ha permanecido varios días en su oficina tras ser notificado de su destitución. Al momento de su “salida”, preguntó quién había dado la instrucción: si el secretario de Educación, Mario Delgado, o la subsecretaría de Educación Básica, Noemí Juárez. La escena reflejó una ruptura evidente con el equipo entrante. Aunque el contexto no es menor. La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo aseguró públicamente que la Nueva Escuela Mexicana y los libros de texto gratuitos no cambiarán, desestimando las advertencias de Arriaga, quien había señalado la posibilidad de modificaciones en los contenidos. Marx Arriaga fue uno de los principales impulsores de los nuevos materiales educativos y una figura central en la implementación de la Nueva Escuela Mexicana. Su salida no es un simple relevo administrativo: representa un ajuste político dentro de la SEP y, posiblemente, un reacomodo en la conducción del proyecto educativo. Más allá del episodio -que incluyó versiones sobre su resistencia a abandonar la oficina- lo relevante es lo que viene. Preguntas obligadas: ¿Habrá cambios sustanciales en los contenidos? ¿Se mantendrá intacta la orientación pedagógica actual? ¿Se abre una etapa de revisión técnica o solo de control político? La educación pública no puede convertirse en un campo de disputas personales ni ser rehén de afinidades ideológicas. Lo que está en juego son los contenidos que reciben millones de estudiantes de toda la república mexicana. Si algo nos queda claro de este episodio, es que la estabilidad institucional importa. Las decisiones educativas deben de comunicarse con claridad, ejecutarse con orden y debatir con argumentos pedagógicos, no con confrontaciones públicas ni políticas. La salida de Marx Arriaga marca el cierre de una etapa. Solo faltaría ver si también marca el inicio de una revisión de fondo o simplemente es un cambio de manos en el mismo proyecto…
En México la política ya no se discute: se padece. Es una especie de reality show donde los políticos compiten por ver quién promete más, quién rinde menos y quién se indigna con mayor cinismo frente a la cámara. El problema no es que mientan -eso ya es tradición-, el problema es que se sienten moralmente superiores mientras lo hacen. Gobiernan con el discurso del pueblo, pero viven con el presupuesto del rey. Hablan de austeridad desde camionetas blindadas, predican igualdad desde barrios amurallados y juran amor al país mientras lo empeñan por partes. Son expertos en una habilidad muy mexicana: convertir el fracaso en narrativa épica. Si algo sale mal, no fue incompetencia, fue “contexto”. Si no hay resultados, fue “herencia del pasado”. Y si el desastre es monumental, entonces es culpa de los adversarios, del neoliberalismo, del clima o de Mercurio retrógrado. La política se volvió una fábrica de excusas con horario estelar. Los debates ya no son de ideas, sino de egos; no se compite por soluciones, sino por likes. El cargo público dejó de ser responsabilidad y se convirtió en influencer con fuero. Todo es propaganda, todo es relato, todo es “vamos bien”, aunque el ciudadano sienta que va cuesta abajo y sin frenos. Y el colmo: se llenan la boca hablando de democracia mientras le temen a la crítica como vampiro al sol. Quien cuestiona es “enemigo”, “traidor”, “conservador”, “vendido”. Aquí no hay errores, solo complots. No hay ciudadanos inconformes, solo malagradecidos. El poder no se equivoca: se victimiza. Al final, la política nacional parece una cantina a las tres de la mañana: mucho discurso inflamado, promesas que nadie va a cumplir y una cuenta que siempre paga el mismo… el ciudadano. Eso sí, al salir, todos juran que la próxima vez será diferente. Y como buenos ingenuos electorales, volvemos a creerles. Porque en este país el cinismo gobierna, la memoria es corta y la dignidad anda en campaña…
México confronta a los cárteles, pero deja intacta la caja fuerte. México ha optado por una estrategia frontal contra los grupos criminales: más decomisos, más detenciones, más operativos. El músculo operativo se muestra, el financiero mucho menos. A un año de que la administración de Donald Trump designara a seis organizaciones criminales mexicanas como terroristas (figura que sigue marcando la presión bilateral) el contraste estratégico empieza a ser evidente: mientras México presume golpes tácticos, los golpes financieros relevantes han venido, en buena medida desde Washington. En junio pasado, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos señaló a CIBanco, Intercam Banco y Vector Casa de Bolsa, por presuntas operaciones vinculadas a lavado de dinero y narcotráfico -acusaciones que las instituciones han rechazado y que forman parte de procesos en curso-. A esto se sumó recientemente la acusación contra cinco personas físicas y 19 personas morales por su presunta participación en un esquema de fraude de “tiempos compartidos” con posibles vínculos al Cártel Jalisco Nueva Generación. El punto de fondo lo repiten especialistas en seguridad y finanzas ilícitas: los cárteles pueden cambiar de nombre, de líder y de territorio, pero mientras el flujo de dinero siga intacto, el poder criminal se regenera. Perseguir a los sicarios sin asfixiar las finanzas es como podar un árbol sin tocar la raíz. La pregunta incómoda para la estrategia mexicana es clara: ¿Se está combatiendo al crimen organizado o solo administrando sus síntomas?…
Cuando uno escucha la conferencia mañanera de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, pareciera que México vive en una cápsula de tranquilidad escandinava: todo en calma, todo bajo control, soberanía intacta y por supuesto, nada de intervención extranjera. Según la versión oficial, gran parte de lo que circuló en redes sociales fue desinformación: videos viejos, imágenes recicladas y rumores sembrados -dicen- por los propios grupos criminales. Y aquí es donde al ciudadano común le empieza a crujir la lógica. Porque el problema no es solo lo que el gobierno afirma, sino lo que la gente ve, escucha y padece todos los días en el territorio nacional, ese que no cabe en las gráficas de la mañanera. Cuando la narrativa oficial y la percepción social se separan tanto, no estamos ante un problema de comunicación: estamos ante un problema de credibilidad. ¿De verdad creen en Palacio que la ciudadanía ya no contrasta información? ¿Que todos aceptan sin pestañear cualquier versión institucional? ¿Que la experiencia cotidiana de millones se borra con un “todo está en calma”? La inteligencia colectiva del país -para bien o para mal- ya no vive en cadena nacional, sino que vive en tiempo real. Y en política, hay algo más peligroso que la crisis misma: la sensación de que te están contando otra película…
Datos curiosos del caso “Mencho”. De acuerdo con versiones atribuidas al secretario de la Defensa Nacional (SEDENA), Ricardo Trevilla Trejo, quien revelara que fue Guadalupe Moreno Carrillo -señalada como pareja sentimental de Rubén Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”- quien habría sido pieza clave para poder ubicar al líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). Según estos reportes, Oseguera Cervantes fue detenido en Tapalpa, Jalisco, y posteriormente habría fallecido durante su traslado aéreo hacia la Ciudad de México debido a heridas previas. Siempre según la misma versión, la mujer -descrita como integrante de la alta sociedad jalisciense- conoció a “El Mencho” en 2022 y habría colaborado en el operativo. Llama la atención que, tras más de una década de búsqueda internacional, el capo más perseguido del país supuestamente fue localizado en cuestión de días. Más aún cuando, días antes, se reportó el ingreso de elementos estadounidenses los “Navy Seals” al territorio nacional. Las comparaciones son inevitables. A Ismael Zambada García lo subieron vivo a un avión y llegó vivo. A “El Mencho”, según versiones, lo subieron vivo y muerto aterrizó. La pregunta queda en el aire: ¿Quién controlaba realmente cada uno de estos traslados? Porque en México, más que las capturas, lo que termina generando sospechas son las diferencias en el destino…
Sin Redundar y diciendo las cosas tal y como son. Suyos los comentarios estimados lectores…
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