Un año de violencia: Sinaloa sitiado. Tras haberse cumplido un año desde que inició la imparable ola de violencia que se instaló como huésped permanente en Sinaloa, han pasado doce meses de dolor, de zozobra y de desilusión para cientos de familias que viven con miedo, en la inseguridad y en la absoluta incertidumbre. Ciertamente que un año no se mide tan solo en el calendario, pues son también: 365 días, 8,760 horas, 525,600 minutos, todos ellos marcados por la normalización de las balas y el silencio cómplice del poder. La respuesta del Gobierno Rochista dizque apoyado por el Gobierno Federal, ha sido tan repetitiva como inútil: llenar las calles de soldados, desplegar convoyes y simular tener el control. Pero la vida de las familias sinaloenses no ha mejorado ni en lo más mínimo. Al contrario, ha empeorado. Las cifras de este año negro hablan por sí solas: 1,709 asesinatos. 2,323 personas privadas de la libertad. 6,526 vehículos robados. 40,000 empleos perdidos. 2,000 negocios cerrados. Cada número es una tragedia, cada estadística un hogar roto. La violencia ya no solo mata: también quiebra empresas, vacía las escuelas, paraliza la movilidad y desangra la economía. Y que quede claro: esto no es accidente ni mala suerte, sino el resultado de políticas públicas fracasadas, de la falta de coordinación entre los gobiernos: federal, estatal y municipal, y de la total ausencia de programas efectivos de prevención y de protección ciudadana. El gobierno sigue insistiendo en medir su “defensa de la patria” con discursos huecos y con encuestas a modo. Pero el pueblo lo mide con los hechos: hospitales que funcionen, escuelas que enseñen, empleos que sostienen familias, políticas que generen desarrollo, y en todo esto, el saldo es desolador. La pregunta es por demás que obligada: ¿No basta un año para que el gobierno entienda que la sociedad está cansada, aterrorizada y desprotegida? ¿Qué más hace falta? ¿Más muertos, más miedo, más negocios cerrados? Los comentarios son todos suyos estimado lector. La responsabilidad es del gobierno…
Pérdida de empleo en Sinaloa: ¿Violencia? No, es la sequía según CSP. La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, fue cuestionada sobre la ola de violencia que azota a Sinaloa. Aquí su respuesta textual: “Ha habido pérdida de empleo en Sinaloa, mucho tiene que ver con la sequía, la principal pérdida de empleo es en el sector agrícola, y no está necesariamente vinculada al problema de violencia”. Traducción: los levantones, las balaceras, los negocios cerrados temprano y la gente que ya no sale de noche no tienen nada que ver. Aquí el culpable es San Pedro, que se olvidó de mandar el agua a tiempo. La presidenta aseguró que el gabinete de Seguridad se reúne con el todavía gobernador de Sinaloa Rubén Rocha Moya y con las cámaras empresariales para escuchar sus inquietudes. Pura terapia de grupo: ellos hablan, el gobierno asiente y todos se regresan a casa igual de inseguros. Y, por supuesto, Sheinbaum Pardo remató con la frase de cajón: “Es importante el apoyo que le hemos dado a Sinaloa”. Apoyo, así es, en los boletines de prensa. Porque en la vida real, los agricultores siguen quebrados, los empleos desaparecen y la violencia sigue marcando la agenda. En pocas palabras: en el México oficial, la violencia no existe, los empleos se pierden por culpa de la sequía y la seguridad se resuelve con las reuniones del gabinete de seguridad. En Sinaloa, el problema no son las balas, sino la falta de nubes y que no llueve y que ocasiona sequía…
El Grito de Sheinbaum Pardo: discurso de independencia en un país secuestrado. “¡Vivan las mujeres indígenas y las migrantes!”, gritó Claudia Sheinbaum Pardo la noche del 15 de septiembre, convirtiéndose en la primera presidenta en dar el Grito de Independencia. Con una voz firme, nombró a las heroínas, los migrantes, los indígenas, la libertad, la igualdad, la democracia y la justicia. Todo el repertorio de la retórica oficial. El detalle es que mientras en el Zócalo se aplaudía a la oradora, en estados como: Sinaloa, Tamaulipas, Michoacán o Guerrero, la gente se escondía en sus casas, no por la lluvia, sino por las balas. Porque en el México real, el grito no es de independencia, sino de auxilio. “¡Viva México libre, independiente y soberano!”, clamó Claudia Sheinbaum Pardo. Pero el país sigue preso de la violencia, de la extorsión, de la corrupción y de la impunidad. Suena bonito desde el balcón presidencial, pero se oye hueco en las calles en donde los ciudadanos viven sitiados. No hay duda: fue un Grito histórico, simbólico, emotivo para la foto y la estadística. Pero también fue un grito de contraste, ante una nación que celebra independencia mientras su seguridad, su economía y su justicia, están secuestradas. En resumen: la presidenta gritó “¡Viva México!”, pero el pueblo apenas susurró que: “Ojalá”…
Si en 2018 el salvavidas de AMLO y MORENA fue el cuento de “rescatar a los pobres” y “acabar con la corrupción”, hoy está más que claro que aquellas promesas no fueron más que un anzuelo dorado para atrapar incautos. El supuesto combate a la pobreza terminó en programas clientelares que solo cambiaron la miseria por una limosna administrada desde Palacio Nacional. Y la “lucha contra la corrupción” pues se volvió un espejismo selectivo, en donde se persigue al enemigo, pero se protege al cómplice. En realidad, ambas banderas fueron el pretexto perfecto para justificar el dispendio, para perpetuar el engaño colectivo y para convertir al votante en un rehén electoral. El pueblo confiaba en una transformación; pero lo que realmente recibió, fue una farsa de utilería digna de las viejas carpas de teatro…
Próximamente en su colonia más cercana. De los productores del AIFA sin vuelos, de la refinería Dos Bocas que no refina, del Tren Maya que descarrila el presupuesto, de la vacuna patria que nunca llegó, del gas del bienestar que se esfumó, y de la farmaciotota que quedó en anaquel vacío… llega para todos ustedes: OLINIA, “el carrito del bienestar”. Esta es la nueva joya del catálogo oficialista: un carrito que promete movilidad, igualdad y prosperidad, pero que probablemente termine estacionado, sin gasolina y revendiendo piezas en el tianguis del bienestar. Clasificación: A (aplausos obligatorios). Duración, lo que dure el presupuesto. Patrocinado por tus impuestos. Próximamente en cadena nacional y en cada mañanera…
Sin Redundar y diciendo las cosas tal y como son. Suyos los comentarios estimados lectores…
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