Sin Redundar – Carlos Avendaño

México: cinco días de gasolina y contando. Existen algunos datos que no deberían de pasar por desapercibidos. México tendría entre tres y seis días de reservas de combustibles como lo son: la gasolina y el diésel. Lo básico para que un país funcione en óptimas condiciones. Mientras tanto, los estándares internacionales como los de la Agencia Internacional de Energía, recomiendan al menos noventa días de inventario de combustibles para un país. La diferencia no es menor, sino que es abismal. Estamos hablando de la distancia entre la prevención y la vulnerabilidad. Porque aquí no estamos hablando de ningún dato técnico, sino que estamos hablando de seguridad energética. De qué es lo que pasaría si por cualquier motivo -conflicto internacional, bloqueo logístico o crisis interna- México dejara de recibir combustibles del exterior. La respuesta es super incómoda: porque en menos de una semana, el país empezaría a detenerse: transporte, industria, distribución de alimentos, exactamente todo. Y aquí viene el punto crítico. Ni siquiera existen cifras oficiales claras y públicas sobre el nivel exacto de almacenamiento de los combustibles. Dependemos de las estimaciones, de los cálculos del sector, de lo que “se dice”. Y cuando un país no tiene claridad sobre sus reservas estratégicas, no tiene control total sobre su propia estabilidad. Porque la autosuficiencia energética no se mide en discursos, se mide en capacidad real de almacenamiento, producción y respuesta. Así es que la pregunta obligada sería: ¿Estamos preparados para una contingencia o estamos confiando en que nunca ocurra? Porque en materia energética, como en muchas otras cosas en México, el problema no es cuando todo funciona. El problema es cuando deja de hacerlo. Y ahí, cinco días no alcanzan para un país de este tamaño…

La democracia “sale cara”, excepto cuando el gasto es del gobierno. El discurso es por demás que conocido. Desde MORENA se repite una y otra vez que la democracia mexicana es demasiado costosa y que por eso es necesario recortar al Instituto Nacional Electoral (INE). Pero cuando uno revisa los números, el argumento empieza a hacer agua. El presupuesto del INE para 2026 ronda los 14 mil millones de pesos para organizar las elecciones, mantener el padrón electoral y garantizar que los votos se cuenten correctamente. Ahora si hacemos la comparativa sobre el Tren Maya, este ha recibido asignaciones presupuestales que superan los 40 mil millones de pesos en un solo año. Es decir: tres veces más dinero. Entonces surge una pregunta bastante simple: si el problema es el gasto público, ¿Por qué la austeridad se aplica solo a las instituciones que organizan elecciones? Porque cuando se trata de megaproyectos gubernamentales, la cartera parece abrirse con muchísima más facilidad. La discusión de fondo no es solo presupuestal. La reforma electoral impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, busca modificar las reglas del sistema político, mismas que algunos analistas consideran que podrían favorecer al partido mayoritario -léase MORENA- mientras que sus defensores aseguran que pretende abaratar el sistema electoral. Y ahí es en donde el debate se vuelve verdaderamente político. Porque reducir costos puede ser una buena idea. Pero reducir contrapesos democráticos esa sí que es otra historia. En democracia, las elecciones no son un gasto superfluo, son el mecanismo que decide quién gobierna. Así que la pregunta sigue flotando en el aire: ¿Se trata de ahorrar dinero o de controlar el tablero electoral? Tiempo al tiempo y esperando…

Austeridad de discurso… lujo de realidad. La llamada “austeridad republicana” fue uno de los pilares del discurso de la Cuarta Transformación. Un principio impulsado desde el sexenio del expresidente Andrés Manuel López Obrador que prometía terminar con los excesos del poder. Menos privilegios, más cercanía con el pueblo y más congruencia. Pero hoy, esta narrativa enfrenta un problema incómodo: las propiedades millonarias de algunos integrantes del propio movimiento. Casas amplias en zonas exclusivas, patrimonios que por su valor contrastan directamente con el discurso de “vida sencilla”. Y aquí no se trata de criminalizar el éxito ni la propiedad privada. Este no es el punto. El punto es la “congruencia”. Porque cuando se construye una narrativa política basada en la austeridad, la expectativa pública cambia. La vara para medirlos sube. Y cualquier señal de opulencia ya no se percibe como normal, se percibe como una contradicción, o peor aún, como una simulación. Especialmente cuando en la conversación aparecen figuras cercanas al círculo del poder, incluidos familiares del propio AMLO. Entonces la pregunta deja de ser patrimonial y se vuelve política: ¿Se vive realmente bajo los principios que se predican? Porque en política, el problema no es tener una casa grande. El problema es haber construido legitimidad diciendo que esto estaba mal, y después normalizarlo. Al final, la credibilidad no se pierde de golpe, se va erosionando poco a poco. Con cada contradicción, con cada distancia entre el discurso y la realidad. Porque eso de la austeridad no es un slogan, es una práctica. Y cuando esto deja de serlo, se convierte en retórica vacía…

Pausa necesaria, crítica pendiente. En el ejercicio periodístico, saber cuándo detenerse también es parte de la responsabilidad. No todo es inercia, ni vértigo, ni prisa por opinar de todo. Existen momentos -como este receso de Semana Santa y de Pascua- que invitan una pausa consciente: tomar distancia, observar con claridad, pero, sobre todo, recargar las pilas con mucha energía. Por ello, nuestra columna periodística: Sin Redundar, hará un alto temporal. A quienes nos han acompañado semana a semana, con lecturas, críticas, acuerdos o desacuerdos, nuestro agradecimiento sincero. Este espacio no tendría sentido sin esta conversación constante que se construye junto con ustedes. Pero que nadie se confunda: la pausa es esto, una pausa nada más, no es un silencio definitivo. Porque mientras el calendario electoral marca sus propios tiempos dentro del “marco legal”, la realidad política va por otro carril. Y lo que hoy vemos no admite ingenuidades: existen actores que ya se mueven con evidente premura rumbo al 2027. Se les nota la prisa, la ansiedad por posicionarse. Los recorridos que aunque disfrazados de agenda institucional o de “visitas informales”, huelen cada vez más a actos anticipados de campaña. El escenario político comienza a calentarse, inclusive antes de que oficialmente deba hacerlo. Y es precisamente por eso que este espacio regresará a la acción primero Dios. Pero volveremos con la mirada más afinada, con el análisis más puntual y, como siempre, con la crítica directa, sin concesiones y sin rodeos. Porque si algo exige este contexto político que viene, es claridad, firmeza, pero, sobre todo, muchísima memoria. Por ahora, nos toca hacer una pausa vacacional. Nos leemos pronto primero Dios, pero cuando volvamos, será -como debe ser- con el hacha bien afilada. Un abrazo y ml bendiciones…

Sin Redundar y diciendo las cosas tal y como son. Suyos los comentarios estimados lectores…

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One thought on “Sin Redundar – Carlos Avendaño”
  1. Perfecto amigo, paisano, es necesario el descanso, que lo disfrutes y ojalá pronto nos acompañes de nuevo a nuestra Confraternidad de Guamuchilenses. Te saluda Lic. Daniel García, Expresidente .

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