El grito de independencia… ¿o el grito de auxilio? El todavía gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, anunció la suspensión de los festejos patrios. Nada de verbena, nada de artistas: solo un acto cívico solemne con los tres poderes del Estado. Según él, la decisión es para “garantizar la seguridad y el bienestar de la ciudadanía”. Traducción: no hay condiciones ni para cantar el Himno en paz. ¿Lo convencieron de cancelar o lo amenazaron de plano? Quién sabe. Lo cierto es que en las benditas redes sociales circularon suficientes mensajes intimidatorios como para apagar la música antes de que sonara. Y sí, siempre queda la opción de culpar a la sequía, como ya lo hizo la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo en una de sus mañaneras del pueblo. Pero vayamos a lo esencial: ¿Qué carajos habría que celebrar en Sinaloa este 15 de septiembre? ¿La “independencia”? ¿De quién? Porque del narco, seguro que no. Rocha Moya, en un raro arranque de honestidad, admitió lo evidente: “sí, en Sinaloa hay crisis de violencia”. ¡Descubrimiento del año! Como si los muertos, los levantados y las balaceras necesitaran confirmación oficial. La narrativa era clara: aunque la seguridad sea un fracaso, siempre quedaba la música y los fuegos artificiales, para que el miedo se pudiera bailar al ritmo de: Marisela, de El Coyote y de Miguel Bosé. Pero ni eso. La verbena popular se cayó. El año pasado no hubo condiciones para el Grito. Este año, con más violencia encima, supuestamente sí las habría. ¿Cuál era el milagro? ¿Que bajaron un poco los homicidios? Sí, tantito. ¿Qué hay paz? No. Lo que existe es maquillaje estadístico y la necedad de aparentar “normalidad” en medio del caos. Y ojo: de haberse realizado, el operativo de seguridad hubiera sido masivo, con miles de policías, soldados y guardias nacionales. No para proteger al pueblo, claro está, sino para garantizar que la foto del gobernador gritando “¡Viva México!” no saliera manchada de plomo. La vida real de los sinaloenses, esa que no cabe en el templete oficial, seguiría igual: negocios cerrados temprano, transporte suspendido, colonias sitiadas por el miedo. Quizá todo hubiera salido bien… pero la mayoría de los culiacanenses no iba a ir de todos modos. Porque aquí lo que abunda no es la fiesta ni la independencia: es el miedo. La seguridad de los artistas invitados seguramente estaba más que garantizada. La del pueblo, como siempre, ese podía esperarse…
En Angostura, el cierre del año no será motivo de incertidumbre para los trabajadores del Ayuntamiento. El tesorero municipal, Elías Barrientos Limas, informó que, pese a los retos financieros, han venido “apretándose el cinturón” para cumplir en tiempo y forma con todas las prestaciones que por ley corresponden a todos los empleados de la comuna. Barientos Limas, detalló que se requieren alrededor de 18 millones de pesos para cubrir los compromisos de fin de año, y aseguró que la administración ha sido responsable en el manejo de los recursos para salir adelante de manera satisfactoria. Como ejemplo de austeridad, mencionó que, cuando es necesario trasladarse a la capital del estado, los funcionarios se organizan para viajar en un solo vehículo y así disminuir gastos de viáticos. Además, antes de que concluya este 2025, el Ayuntamiento pondrá en marcha dos campañas de descuentos en el pago del Impuesto Predial Urbano, entre otras acciones que buscan dar facilidades a la ciudadanía. El Tesorero, subrayó que sigue al pie de la letra las indicaciones del presidente municipal Alberto “El Capy” Rivera Camacho, quien se preocupa y se ocupa en garantizar un ejercicio financiero ordenado. La meta es clara: cerrar el año sin complicaciones económicas y, sobre todo, asegurar que cada trabajador reciba lo que justamente le corresponde. Hoy, la Tesorería de Angostura refleja lo que significa la buena administración pública: finanzas sanas, responsabilidad en el gasto y sensibilidad hacia la base trabajadora. Lo anterior es muestra inequívoca de que, con disciplina y compromiso, puede gobernarse con transparencia y dar resultados a la gente. ¿Se puede? Claro que se puede…
Impuestos con sabor amargo. El gobierno federal descubrió el hilo negro: “México se está quedando sin dinero”. Y no lo digo yo, lo dicen los colegas periodistas: Alberto Aguilar y el economista Mario di Costanzo. ¿La razón? Fácil: las mega obras faraónicas que devoran el presupuesto y un asistencialismo que crece más rápido que la inflación. La solución oficial es la de siempre y de toda la vida: exprimir más el bolsillo de los ciudadanos. Ahora toca subir impuestos a productos de consumo diario, como el refresco. Porque claro, es más sencillo clavarle la uña al bolsillo de la gente que recortar la chequera presidencial para caprichos de concreto. El problema no es pagar impuestos -nadie en su sano juicio cree que un país puede funcionar sin ellos-. El verdadero problema es que en México se pagan muchos y se reciben migajas. La gente lo dice claro: si nos van a cobrar más por el refresco, que al menos se note en hospitales con medicinas, escuelas con buena infraestructura y policías que no huyan en la primera balacera. Pero no: aquí se cobra caro y se entrega barato. El discurso oficial venderá el cuento de que se trata de cuidar la salud, “porque el refresco hace daño”. Falso. Si de verdad les preocupara la salud, habría médicos en las clínicas, medicinas en las farmacias públicas y educación para prevenir la diabetes. Esto no va de salud: va de llenar la caja vacía. El mensaje es brutalmente claro: el gobierno se gastó el dinero en megaproyectos de relumbrón, y ahora quiere que el ciudadano pague la factura. Y la paga dos veces: una cuando compra el producto con impuesto extra, y otra cuando comprueba que la seguridad, la educación y la salud, siguen igual de desfondadas. En resumen: suben impuestos, bajan servicios. La fórmula perfecta para seguir matando la confianza ciudadana. Porque en México, lo único que se transforma con puntualidad… es la paciencia de la gente en puro hartazgo…
S.O.S. Región del Évora. Ya casi va un mes desde que cerraron el antiguo Hospital General en Salvador Alvarado, hoy rebautizado con bombo y platillo como: IMSS-Bienestar. Nombre rimbombante, realidad miserable: dejaron a la ciudadanía a la buena de Dios, sin servicios médicos de ninguna índole y con el derecho a la salud convertido en simple eslogan. Porque ojo: el hospital fue clausurado sin un plan B, sin alternativas, sin prever qué hacer con cientos de pacientes que, ante una emergencia, ahora tienen dos opciones: encomendarse a los santos o salir corriendo kilómetros para buscar atención en otro municipio. Así de simple: no hay médicos, no hay camas, no hay urgencias. Pero eso sí, hay discursos. La 4T nos prometió un sistema de salud “Como en Dinamarca”, y nos entregó uno que ni a dispensario de rancho llega. Y no se vale hacer como que nadie lo vio venir. Esto quisieron, esto tienen quienes votaron con los ojos cerrados, confiando en los morenistas que venden humo envuelto en banderas de cambio. Aquí están las consecuencias: hospitales cerrados, derechohabientes en abandono y funcionarios que juegan a la medicina política mientras la gente se muere esperando. Que viva la 4T y sus funcionarios disfuncionales. Porque al parecer su lema es muy claro: “menos hospitales, más aplausos”…
Noroña es el político camaleón por excelencia: saltó del PMS al FDN, del PRD al PT y de ahí a MORENA, siempre jurando que lo hacía por “convicciones”. La única convicción real ha sido acomodarse en donde le sople el viento. Ya instalado en el Senado, se convirtió en el showman de la grilla: soberbio, gritón y pendenciero, incomodando incluso a los que lo aguantaron por cálculo político. Hoy presume de tener un “pueblo” detrás de él, pero lo cierto es que tan solo son unos cuantos fans que le aplauden los berridos en las benditas redes sociales. Con ese ego inflado y el historial de chapulineo, no extrañaría que mañana amanezca con la ocurrencia de fundar su propio partido: el PPN, Partido del Protagonismo de Noroña. Porque si algo ha demostrado, es que más que a la izquierda, siempre ha sido fiel, pero a sí mismo…
Impuestos disfrazados: la nueva estrategia de la 4T. El gobierno federal dice que no hay dinero, y Héctor Téllez del PAN nos lo recuerda: por eso ahora amenazan con aumentar los impuestos en productos como los refrescos. Curioso giro de los acontecimientos, considerando que la 4T prometió durante años no tocar la economía de los mexicanos y desde luego el no subir los impuestos -mentiras verdaderas-. Lo que antes era promesa se convierte ahora en “necesidad presupuestal”. Traducido al español común: si no hay plata, mejor que la saque el bolsillo de los ciudadanos con los refrescos, las sodas y con cualquier otro producto que pueda generar unos pesos extras. Listos para rescatar las cuentas del gobierno…
Sin Redundar y diciendo las cosas tal y como son. Suyos los comentarios estimados lectores…
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