Sin Redundar – Carlos Avendaño

La silla de plástico presidencial. México inauguró el Mundial 2026 este jueves pasado. El planeta entero tenía los ojos puestos en el Estadio de la Ciudad de México, los jefes de Estado, los dirigentes deportivos, los empresarios, los artistas, las celebridades y millones de aficionados se reunieron para presenciar uno de los eventos más importantes de la historia reciente del país. Y mientras todos miraban hacia el palco principal, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo decidió mirar hacia otro lado. Literalmente a escasos 22 kilómetros de distancia, desde una silla plegable de plástico, porque en la política moderna ya no basta con gobernar, también hay que construir símbolos, y pocos símbolos son tan poderosos como una presidenta rechazando el palco VIP para sentarse entre ciudadanos en una unidad deportiva. La imagen fue perfecta, demasiado perfecta, tan perfecta que parecía diseñada por un comité de mercadotecnia política obsesionado con las encuestas. Mientras los reflectores internacionales apuntaban al estadio, la narrativa presidencial apuntaba al pueblo. Mientras los invitados especiales ocupaban asientos de lujo, la presidenta ocupaba una silla que cualquier mexicano podría encontrar en una fiesta familiar o en una graduación escolar. El mensaje era más que evidente, “Yo no soy como ellos” y políticamente es una jugada brillante. Porque el obradorismo entendió hace años algo que la vieja clase política jamás comprendió. Las fotografías gobiernan tanto como los decretos, las imágenes construyen poder y las emociones suelen derrotar a los argumentos. Sin embargo, existe una pregunta incómoda. ¿La sencillez se mide por el tipo de silla donde uno se sienta o por los resultados que obtiene mientras gobierna? Porque una silla de plástico no reduce la inseguridad, no mejora los hospitales, no arregla el transporte público, no genera empleos, no resuelve los problemas de agua, no combate la corrupción, no disminuye la violencia. La silla es un símbolo y los símbolos son importantes, pero los ciudadanos terminan viviendo de resultados. Lo interesante es que la escena reflejó perfectamente el ADN político de la llamada Cuarta Transformación. La élite gobernando desde una narrativa antiélite. El poder utilizando la estética de la austeridad. La presidencia más poderosa del país proyectando la imagen de una ciudadana común. Y hay que reconocerlo, lo hacen extraordinariamente bien. Porque mientras la oposición sigue discutiendo estadísticas, presupuestos y tecnicismos, MORENA continúa dominando el terreno donde realmente se ganan las elecciones, la emoción, la percepción, la fotografía. Al final de cuentas, el Mundial dejó una imagen que probablemente sobrevivirá más tiempo que el resultado del partido, no fue el estadio, no fue el espectáculo, no fue la ceremonia inaugural, sino que fue una silla de plástico. Porque en la política mexicana del siglo XXI, las campañas ya no se juegan únicamente en las urnas, también se juegan en las fotografías. Y pocas fotografías dicen tanto con tan poco como una presidenta sentada lejos del palco, pero exactamente donde quería estar políticamente…

La planta que nadie logra destrabar. Si después de tantos años una obra sigue generando protestas, amparos, bloqueos, consultas, manifestaciones y divisiones sociales, entonces el problema ya no es únicamente la obra, el verdadero problema es el gobierno. La nueva movilización registrada en Topolobampo vuelve a demostrar que el conflicto alrededor de la planta de fertilizantes sigue lejos de resolverse. Comunidades indígenas, grupos ambientalistas y ciudadanos inconformes volvieron a salir a las calles para expresar su rechazo al proyecto. Y lo hicieron por una razón muy sencilla, no le creen nada al gobierno. Porque cuando existe confianza institucional, los proyectos se discuten. Pero cuando no existe confianza, los proyectos se combaten. Y esto es exactamente lo que está ocurriendo. Desde hace años, las autoridades aseguran que la planta traerá desarrollo económico, empleos e inversión. Peor los opositores responden que traerá riesgos ambientales, afectaciones a la salud y daños irreversibles para los ecosistemas de la región. Entre ambas posiciones debería de existir algo elemental, información clara, transparencia, credibilidad. Pero justamente esto es lo que parece faltar. Lo más preocupante es que cada nuevo episodio evidencia la incapacidad gubernamental para construir consensos. Porque gobernar no consiste únicamente en autorizar proyectos, y tampoco consiste en imponerlos. Gobernar implica convencer, explicar, escuchar, y, sobre todo, generar certidumbre. Si después de años de debate todavía existen comunidades enteras convencidas de que sus preocupaciones no han sido atendidas, entonces alguien hizo muy mal su trabajo, y ese alguien no son los ciudadanos. Resulta curioso observar cómo los gobiernos suelen presumir inversiones millonarias cuando se anuncian proyectos. Pero cuando llegan las protestas, los cuestionamientos y las resistencias sociales, entonces descubren que el dinero no compra legitimidad, porque la legitimidad se construye, y en Topolobampo parece que nunca terminó de construirse. Mientras tanto, la región permanece atrapada en un limbo, los inversionistas no tienen certeza, las comunidades no tienen confianza, los ambientalistas no tienen respuestas suficientes, y las autoridades continúan administrando un conflicto que ellas mismas no han logrado resolver. Lo más irónico de todo es que, después de tantos años, ya casi nadie discute exclusivamente la planta. Lo que realmente está en juego es la credibilidad del gobierno. Porque cuando un proyecto tarda más en convencer que en construirse, el problema dejó de estar en la obra, y comenzó a estar en quienes intentan impulsarla. Al final de cuentas, Topolobampo se ha convertido en el espejo perfecto de la política mexicana. Todos dicen tener la razón, pero nadie logra convencer al otro. Y el conflicto sigue creciendo mientras las soluciones permanecen estacionadas en el mismo lugar de siempre…

Sin Redundar y diciendo las cosas tal y como son. Suyos los comentarios estimados lectores…

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