La “trivialidad” que no pasó el filtro. En MORENA quisieron aplicar la vieja confiable: cuando algo incómoda, se minimiza. Y si se puede, se archiva, total, ¿Qué tan grave puede ser una acusación de presuntos actos anticipados de campaña? Nada que no se pueda mandar al cajón de las “trivialidades” o al menos eso creyeron. Pero resulta que el Tribunal Electoral del Estado de Sinaloa no estaba para bromas. Y les regresó el expediente como maestro que devuelve tarea mal hecha: con observaciones claras, subrayadas y, básicamente, un “hazlo otra vez, pero bien”. El caso de la senadora Imelda Castro Castro no es menor. Una militante de su propio partido la acusó de presuntos actos anticipados de campaña. Es decir, fuego amigo. De este que arde más porque no viene de enfrente, sino desde adentro. La Comisión Nacional de Honestidad y Justicia de MORENA intentó darle carpetazo. Pero el tribunal local dijo, en términos elegantes, que la resolución estaba hecha con las prisas de quien quiere salir del paso: falta de exhaustividad, mala fundamentación y una valoración de pruebas, digamos bastante conveniente. Traducción al español coloquial: no investigaron bien, no explicaron bien y, además, analizaron las pruebas con una lupa bastante selectiva. Ahora MORENA tiene una semana para hacer lo que no hizo a la primera: revisar el caso con seriedad y justificar su decisión. Una semana para pasar de la simulación al intento de credibilidad. Porque una cosa es cerrar filas y otra muy distinta es cerrar los ojos. Y todo esto ocurre en medio de la gran farsa política de nuestro tiempo: la negación colectiva de que nadie está en campaña, pero todos hacen campaña. Nadie busca candidatura, pero todos se mueven como si ya tuvieran el logo bordado en la camisa. En Sinaloa, la carrera rumbo al 2027 no solo empezó hace rato, ya va en segunda vuelta. Eventos, giras, posicionamientos, “coincidencias” mediáticas, todo cuidadosamente espontáneo, todo perfectamente calculado. Porque en la política mexicana existe una regla no escrita: lo que se niega en el discurso, se confirma en los hechos. Y mientras tanto, los ciudadanos asistimos al espectáculo con la familiar sensación de déjà vu. Sabemos cómo empieza, sabemos cómo se desarrolla y sospechamos perfectamente cómo va a terminar. Así que no, no es trivial, nunca lo fue. Lo verdaderamente trivial sería seguir fingiendo que aquí no pasa nada…
El último silbatazo y el silencio oficial. El pasado miércoles 22 de abril, el Mazatlán FC jugó su último partido en el bello puerto. Y para que no quedara duda de que esto era despedida y no pausa, le ganó al Deportivo Toluca FC. Como estas historias que terminan bien, aunque todo alrededor indique lo contrario. Los “cañoneros” se despidieron de su afición con música de Banda “El Recodo”, como si el telón bajará entre aplausos, trompetas y una sonrisa forzada. Porque en México, incluso las malas noticias se intentan maquillar con fiesta. Pero más allá del espectáculo, lo que queda es el vacío. Mazatlán -y Sinaloa- se quedan sin fútbol profesional. Y con ello, no solo se va un equipo: se va el turismo deportivo, la derrama económica, el pretexto de fin de semana, el movimiento en hoteles, restaurantes y calles. Se apaga algo más que un marcador. Y aquí es donde la realidad entra sin pedir permiso. Porque no fue la falta de estadio -ahí está, nuevo, bonito, funcional-. No fue la falta de afición, no fue la falta de inversión inicial. Fue algo mucho más incómodo de reconocer: el impacto de una violencia persistente que lleva meses condicionando la vida pública. Esta misma que oficialmente no alcanza para hablar de crisis. Porque mientras en la cancha ya no rueda el balón, en el discurso todo sigue “bajo control”. No hay emergencia, dicen, no hay motivo de alarma, insisten, tan sólo circunstancias. Y claro, siempre queda el recurso de la frase hecha. El gobernador Rubén Rocha Moya lo resumiría con elegancia burocrática: “son ciclos que se cierran”. ¿Ciclos? Como si el fútbol se hubiera ido por decisión propia, como si los estadios se vaciaron por aburrimiento, como si la economía local pudiera sustituir, sin consecuencias, lo que durante años fue un motor constante. Hoy Mazatlán se queda con un estadio impecable y sin equipo. Con música de despedida y sin calendario por delante. Con explicaciones oficiales y demasiadas preguntas sin responder. Pero no pasa nada. Al fin y al cabo, que aquí no hay emergencia, tan solo un silencio que cada vez suena más fuerte…
Entre selfies, aliados incómodos y “coincidencias” que no lo son. ¿De verdad cree la senadora Imelda Castro Castro que le suma políticamente presumir su cercanía con Gerardo Fernández Noroña alias Chango-León? La apuesta puede entusiasmar a los convencidos, pero fuera de esta burbuja no necesariamente amplía audiencias, más bien las delimita. En política, las alianzas dicen tanto como los discursos. Y cuando el mensaje pretende ser incluyente, pero las figuras elegidas generan polarización, el resultado suele ser ruido, no crecimiento. A esto se suma un ingrediente que ya circula con insistencia en las benditas redes sociales y en los mentideros locales: la presencia de Yesenia Rojo Carrizosa, identificada con el colectivo “Guerreros Azules”, en episodios recientes de confrontación pública. Existen fotografías y versiones encontradas que apuntan a una posible cercanía con el entorno del gobierno estatal. ¿Prueba concluyente? No. ¿Suficiente para levantar preguntas legítimas? Sí. Más aún cuando, en el pasado, el propio Rubén Rocha Moya fue crítico de estos mismos perfiles. En política, los cambios de postura existen, pero cuando son tan abruptos, dejan de ser evolución y se empiezan a parecer a conveniencia. Aquí el punto no es descalificar personas, sino entender el patrón: actores que ayer eran incómodos, hoy aparecen en la foto; discursos que antes señalaba, hoy parecen tolerar. Y en medio de todo esto, una narrativa oficial que pide credibilidad, sin ofrecer demasiadas explicaciones. Porque si algo erosiona más que la crítica externa, es la incoherencia interna. Al final de cuentas, la pregunta no es quién acompaña a quién en una foto, sino qué representa esta compañía. Y, sobre todo, a quién o quiénes se está beneficiando. Porque en política, pocas cosas son casualidad, y casi nada es gratuito…
Sin Redundar y diciendo las cosas tal y como son. Suyos los comentarios estimados lectores…
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