Sin Redundar – Carlos Avendaño

“Noticia bomba” o “Bomba de humo”: cuando la acusación se adelanta a la prueba. En las últimas horas ha circulado con fuerza una versión que sacude: supuestas acusaciones desde Estados Unidos contra el todavía gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, por presuntos vínculos con el narcotráfico. Suena explosivo. El problema es otro: ¿Qué está confirmado y qué no? Porque una cosa es que existan reportes, filtraciones o versiones en medios y redes sociales. Y otra muy distinta es que haya una acusación formal, pública y verificable por parte del Departamento de Justicia de los Estados Unidos. Hasta ahora, el terreno parece más cercano a lo primero que a lo segundo. Y en temas de este calibre, la diferencia no es menor: es la que separa la información del señalamiento, y el señalamiento de la difamación. Esto no significa que el tema deba ignorarse. Al contrario. Si existen investigaciones, que se transparenten. Si hay pruebas, que se presenten. Y si no las hay, que también se diga con claridad. Porque la política mexicana tiene una vieja tentación: convertir la sospecha en sentencia y el rumor en verdad absoluta. Ahí es donde entran los partidos: el PRI, el PAN y MC que ya piden renuncias, incluso hablan de desaparición de poderes. Reacción rápida, narrativa contundente, pero sustentada en un terreno que aún no está del todo claro. Y entonces aparece la comparación fácil: “¿Y en el caso de Genaro García Luna no se pedían pruebas?”. La diferencia es incómoda: en aquel caso hubo un proceso judicial, acusaciones formales y una sentencia. Aquí, por ahora, lo que domina es la versión. Y en medio de todo, queda el recurso más socorrido en la política mexicana: la caricatura. Convertir al personaje en villano absoluto o en “corderito” intocable. Dos extremos igual de inútiles para entender la realidad. Porque al final, ni la fe ni la descalificación sustituyen a la evidencia. La regla sigue siendo la misma, aunque a veces incomode: presunción de inocencia, hasta que haya pruebas. Pero también algo igual de importante: cuando el humo es tanto, alguien tiene que aclarar de dónde viene. Porque en política, lo peligroso no es solo la acusación, es la duda que se queda cuando nadie la despeja…

La carta de “El Mayo”: cuando la versión vale más que la evidencia. Circula de nuevo la carta atribuida a Ismael “El Mayo” Zambada García, misma que fuera difundida por su abogado Frank Pérez, en la que sostiene que fue llevado con engaños a una supuesta reunión y posteriormente secuestrado para ser entregado a las autoridades de los Estados Unidos. En este relato aparece un dato que incendia el escenario político: una presunta reunión en donde estaría el todavía gobernador de Sinaloa Rubén Rocha Moya y el ex rector de la Universidad Autónoma de Sinaloa, Héctor Melesio Cuén Ojeda. Explosivo ciertamente, pero hay que ponerle orden. Primero: es una carta difundida por la defensa de un acusado. Segundo: no es un documento judicial validado ni una prueba pericial. Tercero: forma parte de una estrategia legal en un caso de alto perfil. Y esto cambia todo. Porque en el terreno jurídico, las versiones no equivalen a los hechos. Y en el terreno político, las versiones -sobre todo cuando vienen de figuras como “El Mayo” Zambada- se convierten en dinamita mediática. ¿Puede contener elementos reales? Muy probablemente. ¿Puede ser una narrativa construida para su defensa? También es posible. Y ahí está el punto incómodo: no existe, hasta ahora, confirmación independiente que respalde este encuentro tal cual como se describe. Pero el daño ya está hecho. Porque en México, basta con que un nombre aparezca en una historia de este calibre para que la sospecha se instale. Y una vez instalada, no se borra fácil, aunque después no se compruebe nada. Este es el poder de este tipo de revelaciones: no necesitan sentencia para generar impacto político. Al final de cuentas, la pregunta no es si la carta existe. La pregunta es qué tanto de lo que dice puede sostenerse fuera del papel. Porque entre lo que se escribe en una defensa y lo que se prueba en un tribunal, existe una distancia que en política pocos respetan…

Sobornos, versiones, y la frontera entre la denuncia y la prueba. En las últimas horas han circulado versiones sobre supuestos pagos y sobornos que habrían recibido algunos funcionarios de Sinaloa, presuntamente vinculados a grupos del crimen organizado como “Los Chapitos”. El señalamiento es grave, gravísimo. Pero aquí es en donde conviene ponerle orden: hasta ahora, no hay confirmación pública clara de una acusación formal por parte del Departamento de Justicia de los Estados Unidos en contra de funcionarios en funciones del gobierno sinaloense. Y en estos temas, la diferencia entre “trascendió”, “se filtró” y “se acusó formalmente” no es semántica, es jurídica. Porque una acusación formal implica expedientes, jueces, cargos específicos. Lo otro -las versiones- implican otra cosa: presión política, narrativa mediática o incluso estrategias de negociación en contextos más amplios. Esto no significa que el tema sea menor. Al contrario. Si existen investigaciones, deben transparentarse. Si hay pruebas, deben presentarse. Y si no las hay, alguien tiene que aclararlo con la misma contundencia con la que circula el señalamiento. Porque en México ya conocemos este guión: nombres que aparecen en el radar, versiones que se multiplican y una opinión pública que termina atrapada entre la sospecha y la incertidumbre. El riesgo no es solo la posible corrupción, el riesgo es la erosión de confianza cuando nadie aclara nada. Al final de cuentas, la regla sigue siendo la misma, aunque a muchos no les guste: sin pruebas, no hay sentencia. Pero también otra igual de importante: cuando el ruido crece tanto, el silencio oficial deja de ser opción…

En este Día del Niño, celebremos la alegría, la imaginación y la capacidad de asombro que se vive en cada etapa de la vida. Que los niños crezcan con amor, cuidado y oportunidades para cumplir sus sueños. Y que los adultos no olvidemos esa chispa que nos hacía creer en lo imposible. Porque nunca dejamos de ser niños, sólo aprendemos a disimularlo. Hoy es un buen día para reír, jugar y recordar lo que realmente importa. ¡Feliz Día del Niño 2026!…

Sin Redundar y diciendo las cosas tal y como son. Suyos los comentarios estimados lectores…

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