Sin Redundar – Carlos Avendaño

Culiacán: proyectos “de gran calado” y comunidades sin agua. En pleno 2026, hay familias en Las Tapias -y en comunidades como El Tule, Las Flechas, Lo de Bartolo y El Pino- que siguen peleando por lo más básico: el agua. Agua para poder bañarse, para cocinar, para vivir. Mientras tanto, desde el Ayuntamiento de Culiacán se presume una agenda de modernización, innovación y proyectos de alto impacto. El contraste es por demás brutal. Porque una cosa es hablar de ciudades inteligentes, y otra muy distinta, es tener comunidades donde no sale una gota de agua de la llave durante meses. Vecinos denuncian hasta siete meses sin servicio, pero eso sí: el recibo les llega puntualmente. Se cobra lo que no se entrega, se promete lo que no se cumple, y en medio de todo, la gente resolviendo como puede: cargando cubetas, recorriendo distancias, sobreviviendo con lo mínimo. Esto no es un problema técnico, es un fracaso administrativo. Porque el acceso al agua no es un lujo ni un proyecto a futuro, es una obligación presente. Y cuando un gobierno no puede garantizar lo elemental, cualquier discurso sobre desarrollo se vuelve propaganda. Aquí no se trata de obras emblemáticas, se trata de prioridades. ¿De qué sirve hablar de modernidad cuando existen comunidades en el abandono? El alcalde Juan de Dios Gámez Mendívil tiene frente a sí un gran desafío que no admite simulaciones: resolver lo básico antes de presumir lo extraordinario. Porque en política, la realidad siempre termina alcanzando al discurso. Y la pregunta queda en el aire: ¿Este es el modelo de gobierno que pretende proyectar el alcalde Gámez Mendívil rumbo al 2027?…

Cuando la política se vuelve escena. Lo ocurrido en la ciudad Guasave deja más preguntas que certezas. La diputada local del Partido Acción Nacional, Roxana Rubio Valdez, decidió encarar -cámara en mano- a trabajadores que realizaban pintas con el mensaje #EsImelda. Y ahí empieza el problema. Porque en política, la forma importa tanto como el fondo. La forma es que una legisladora en su intento por evidenciar, termina protagonizando una escena más cercana al espectáculo que a la institucionalidad. El fondo son los señalamientos recurrentes sobre posibles actos anticipados de promoción vinculados a la senadora Imelda Castro Castro. Ambos elementos son relevantes, pero no pesan igual. Porque confrontar directamente a quienes pintan bardas -eslabones operativos- difícilmente resuelve el problema de origen. Ellos ejecutan, no deciden. Y ahí es donde el mensaje se diluye. El reclamo pierde la dirección y gana la incomodidad. Esto no significa que el tema de fondo deba ignorarse. Al contrario: la práctica de posicionar nombres y hashtags antes de los tiempos legales es una vieja estrategia conocida en toda la política mexicana. Las bardas hablan y el mensaje está ahí. Pero también es cierto que señalar sin asumir responsabilidades o deslindarse sin explicar, tampoco ayuda a despejar las dudas. Al final de cuentas, lo que queda es una escena que refleja el estado actual de la política: más exposición que solución, más narrativa que claridad. Y la pregunta es por demás inevitable: ¿Quién está realmente rindiendo cuentas y quién solo está actuando? Porque cuando la política se convierte en espectáculo, la verdad termina siendo lo de menos…

Serapio Vargas: ruido, reflectores y poca sustancia. En política hay de todo: quienes construyen, quienes confrontan y quienes actúan. El flamante diputado local Serapio Vargas Ramírez parece cómodo en esta última categoría de actor. Su más reciente aparición fue en el Congreso Local donde no pasó desapercibida. Hubo espectáculo, hubo narrativa visual, hubo intento de impacto. Pero, lo que no hubo fue lo esencial: contenido sólido. Porque una cosa es llamar la atención, y otra muy distinta, es sostenerla con propuestas. La escena dejó más preguntas que respuestas. Más forma que fondo. Y no es un episodio aislado. Su estilo ha sido consistente: iniciativas llamativas, declaraciones que generan ruido mediático y una apuesta constante por los reflectores. Desde propuestas polémicas como la idea de una playa nudista en Navolato, hasta acercamientos con sectores productivos que terminaron en promesas sin resultados claros. Este patrón se viene repitiendo. El problema no es la creatividad, es la falta de aterrizaje. Porque los sectores que dice representar -productores, ciudadanos, comunidades- no necesitan espectáculo, necesitan soluciones inmediatas. En política, el tiempo cobra factura y el protagonismo sin resultados suele salir caro. Existen políticos que incomodan por lo que dicen y otros incomodan por lo que hacen. Aquí el caso es distinto: incomoda la distancia entre lo que se escenifica y lo que realmente se resuelve. Al final de cuentas, no es que Serapio Vargas Ramírez no haga política, es que convierte la política en un acto circense. Y cuando el telón cae, los problemas siguen ahí…

El “Pity” Velarde: silencio, regreso y preguntas. Después de varios meses fuera del radar público, reapareció Ricardo Velarde Cárdenas, conocido como “El Pity”, en un evento familiar en la Catedral de Mazatlán. Su presencia no pasaría de ser anecdótica, si no fuera por el contexto. Velarde Cárdenas dejó su cargo como secretario de Economía en octubre de 2025, en medio de un episodio que lo puso en el centro de la atención pública. Sin declaraciones, sin posicionamientos, sin explicaciones, optó por el bajo perfil. Y en política, el silencio también comunica. Su salida coincidió con un cateo realizado por la Fiscalía General del Estado de Sinaloa en un establecimiento del que es copropietario, dentro de una investigación relacionada con la desaparición de un joven originario de Durango, antecedente no menor. Por esto, su reaparición inevitablemente despierta preguntas: ¿Es solo un acto privado o el inicio del regreso público? Porque en política, las ausencias prolongadas rara vez son casuales, y los regresos, casi nunca son inocentes. Más aún cuando no hay una versión clara sobre los hechos que marcaron su salida. Aquí no se trata de especular, se trata de contexto. Porque la confianza pública no se construye con apariciones esporádicas, sino con claridad. Y mientras esa claridad no exista, las preguntas seguirán abiertas…

Sin Redundar y diciendo las cosas tal y como son. Suyos los comentarios estimados lectores…

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